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Noticias de Ciencia
- Al menos en las moscas, tener vida social aumenta la esperanza de vida. Quizás este tipo de estudios pueda aplicarse a humanos en el futuro. Se ha sugerido que en humanos y en otros vertebrados la esperanza de vida aumenta si hay interacción social. Ahora parece que se ha verificado en moscas de la fruta. Chun-Fang Wu y Hongyu Ruan de University of Iowa estudiaron moscas de la fruta con una mutación que reducía su esperanza de vida. La mutación interfería con una enzima que normalmente elimina los radicales libres, radicales que son perjudiciales para la maquinaria bioquímica de las células. Esta misma enzima está implicada en enfermedades humanas relacionadas con el envejecimiento como el Alzheimer y el Parkinson. Las moscas mutantes envejecidas que compartieron recinto con moscas mutantes jóvenes o no mutantes vivieron más que aquellas que vivían junto a otras mutantes envejecidas. Además fueron más resistentes a los efectos del esfuerzo físico, del calor o del estrés oxidativo. Impidiendo el movimiento o actividad de las moscas jóvenes se redujo el efecto. Esto sugeriría que la interacción social con las moscas jóvenes, a través de la agresión, relaciones sexuales y otras relaciones sociales, jugaría un papel central en el aumento de la esperanza de vida de las moscas viejas. Según Wu “la actividad social es la clave”. Cuando mantuvieron a las moscas en la oscuridad, de tal modo que no se podían ver unas a otras, también redujo el efecto. El próximo paso que estos investigadores quisieran dar es descubrir cómo las interacciones sociales compensan la acción del gen mutante a nivel molecular. Si lo logran esperan entender cómo interacciones similares podrían beneficiar a los humanos ancianos. Según Wu este estudio muestra que la esperanza de vida de estas moscas es elástica y puede ser modificada por las interacciones sociales, corroborando la noción de que los pacientes humanos, o personas con ciertos trastornos neurológicos, pueden beneficiarse cuando están en un ambiente social apropiado. Por otro lado, Wu ha estudiado varios genes que influyen en la esperanza de vida de las moscas de la fruta y no todos ellos ven compensados sus efectos negativos por las interacciones sociales.
Jueves, 12 de Junio de 2008
Noticias de Ciencia
- Consiguen desarrollar un papel nanoestructurado, basado en celulosa procedente de la madera, que es más resistente que el hierro fundido y casi tan resistente como el acero. El desarrollo de este material ha sido llevado a cabo por Lars Berglund del Real Instituto Tecnológico de Estocolmo en Suecia. Este nuevo tipo de papel se podría utilizar para reforzar el papel convencional, producir cinta adherente ultrarresistente o utilizarse en cirugía para prótesis o dispositivos biocompatibles. A pesar de su gran resistencia este nanopapel es producido a partir del mismo material biológico que el convencional: celulosa. La celulosa la forman largas cadenas de azúcar y son el principal componente estructural de las células vegetales, así como el compuesto orgánico más abundante en la Naturaleza. Aproximadamente el 50% de madera está compuesta por celulosa. Las cadenas de celulosa se unen unas a otras para producir fibras de unos 20 nanometros de diámetro, unas 5000 veces más finas que un cabello humano. Estas fibras forman una red muy resistente que dota de soporte estructural a las células vegetales. La celulosa extraída de la madera se emplea para fabricación de papel, es la base del celofán y recientemente se usa para el desarrollo de nuevos plásticos. Hasta ahora se había usado como un relleno de fibras barato, ignorando sus propiedades mecánicas. Sin embargo, el proceso mecánico usado para extraer la celulosa de la madera daña las fibras individuales de celulosa reduciendo su resistencia. Berglund y sus colaboradores han desarrollado un proceso cuidadoso de extracción de la misma que conserva sus propiedades. El nuevo método utiliza enzimas para descomponer la pulpa de madera y luego se fragmenta mecánicamente. Las fuerzas de cizalladura producidas hace que la celulosa se deshaga suavemente en sus fibras constituyentes. El resultado final es una suspensión acuosa de fibras de celulosa sin dañar. Los investigadores descubrieron que, una vez eliminado el agua, las fibras se pueden unir unas a otras para formar una malla o red gracias a puentes de hidrógeno formando lo que llaman “nanopapel”. Las pruebas de resistencia mecánica a la tensión muestran que el nanopapel resiste 214 Megapascales (MPa), siendo más fuerte que el hierro fundido (130 MPa) y casi tan resistente como el acero estructural (250 MPa). El papel normal presenta una resistencia a la tensión de 1 MPa. Para las pruebas se utilizaron muestras de 40 mm de longitud por 5 mm de ancho y 50 micras de grosor. El secreto de esta resistencia no solamente reside en las fibras de celulosa si dañar, sino también en su disposición en forma de red. Aunque cada una es resistente de por sí, sin una fuerte unión entre ellas resbalarían unas sobre otras desapareciendo o disminuyendo mucho la resistencia del conjunto. Las fibras individuales de este material son además mucho más pequeñas que las del papel convencional que tienen 30 micras de diámetro y por tanto tres órdenes de magnitud mayores. Por lo tanto el nuevo material tiene muchos menos defectos que el papel convencional.
Miércoles, 11 de Junio de 2008
Noticias de Ciencia
- Contrariamente a lo que se cree la construcción de una pantalla solar no devolvería a la Tierra el clima que tenía en la época preindustrial. ¿Cómo podemos contrarrestar el calentamiento global? Se ha propuesto que se podría sustraer parte de los rayos del Sol antes de que éstos alcancen el suelo. De este modo al recibirse menos luz la temperatura sería inferior. La colocación de una pantalla solar espacial se propuso por primera vez en 1989. Dan Lunt, de University of Bristol, y sus colaboradores han estudiado el efecto que tendría esta estrategia de apantallamiento solar. La idea era simular la cancelación del aumento de temperatura debido al efecto invernadero extra producido por las emisiones de dióxido de carbono de origen antropogénico disminuyendo la luz solar que alcanza la Tierra. El modelo pretendía investigar la magnitud y naturaleza del cambio climático producido bajo estas condiciones simulando el efecto de esa pantalla sobre la circulación atmosférica y oceánica. Realizaron simulaciones del clima terrestre bajo tres escenarios: época preindustrial, niveles altos de dióxido de carbono como los que se supone tendremos debido a las emisiones humanas (cuatro veces los de la época preindustrial) y los mismos niveles de CO2 pero con un apantallamiento que reduce en un 4% la irradiación solar. Según sus resultados, bajo el apantallamiento la Tierra no retornaría al clima de la época preindustrial. En su lugar los trópicos serían más fríos que en la época preindustrial en 1,5 grados centígrados, mientras que a altas latitudes la temperatura sería más cálida en 1,5 grados, produciéndose más deshielo en esos lugares. Esto significaría peores condiciones para la vida de esos lugares y un aumento global del nivel de mar. Además, según el modelo, las precipitaciones disminuirían un 5% globalmente, con una disminución mayor en los trópicos. Otros problemas sin resolver por esta estrategia serían la acidificación del océano y su impacto sobre el plancton, que es la base de la cadena alimenticia del océano. La alteración de la cadena trófica marina pondría a la humanidad en serías dificultades. Los autores recomiendan que no se tenga en cuenta el apantallamiento como solución al problema del calentamiento climático, independientemente del coste y de las consideraciones éticas. Este resultado podría significar la puntilla que liquide la (loca) idea de la construcción de una pantalla solar espacial. Ésta sería increíblemente cara y posiblemente dañina en otros aspectos. En estudios recientes se calculó que el desarrollo de la construcción de una pantalla espacial para cumplir esos objetivos necesitaría de 25 años y una inversión de billones de euros. Por otro lado parece que ya es tarde para determinados países del Pacífico. Se calcula que a finales de siglo la República de Kiribati, una conjunto de islas y atolones en el Pacífico, desaparezca bajo las aguas del océano debido a la subida del nivel del mar. Su máxima elevación sobre el nivel del mar es ahora de 2 metros, pero la mayor parte del país solamente levanta 100 cm sobre el nivel del mar. Según Martin Parry, del comité internacional del cambio climático (IPCC), las estimaciones dicen que, incluso cortando las emisiones de dióxido de carbono a la mitad ahora y reduciéndolas en un 80% en el futuro, no se puede evitar una elevación del nivel del mar en 30 ó 50 cm. La República de Kiribati simplemente desaparecerá seguro del mapa. Su presidente, Anote Tong, ha apelado a la comunidad internacional para que tome la responsabilidad de acoger a los casi 100.000 habitantes de su país. En otro resultado liderado por Heidi N. Geisz se calcula que, debido al calentamiento global, se están vertiendo cada año de 1 a 4 kilos de DDT a las aguas del mar desde la placa de hielo del Oeste en la Antártida, con imprevisibles consecuencias para la fauna del lugar. El DDT es un potente y peligroso insecticida que fue prohibido hace décadas. Por culpa de su larga vida se fue acumulando en la nieve antártica y ahora, debido a la fusión del hielo, se está liberando.
Martes, 10 de Junio de 2008
Aplicaciones
- Pdf Search Engine: consigue encontrar archivos pdf en internet que contengan algunas de las palabras indicadas en el campo de búsqueda. También se puede usar para encontrar libros que estén distribuidos en este formato, sobre algún tema determinado. Todo lo que se guarda en pdf tiene una calidad media mayor de lo que se guarda en html.
Aplicaciones
- 280Slides: Esta aplicación permite hacer presentaciones online con la posibilidad de añadir fotos y vídeos en las presentaciones creadas, pudiendo exportarlas como powerpoint o visualizarlas online. Los creadores de esta aplicación no imponen límites de espacio en las presentaciones.
Noticias de Ciencia
- Un grupo de científicos consigue crear vesículas capaces de tomar nucleóticos del ambiente, hacerlos pasar a través de su membrana fácilmente y replicar el ADN de su interior sin mediación enzimática. A pesar del tiempo transcurrido no se ha avanzado mucho desde los experimentos de Urey y Miller sobre el origen de la vida. Una cosa es la síntesis de los bloques constituyentes de las moléculas orgánicas complejas y otra la creación de las células a partir de esas moléculas complejas. Lo primero se ha demostrado que es fácil, sobre lo segundo no se sabe muy bien cómo pudo ocurrir. Ahora se ha dado un paso más en la comprensión de cómo pudieron surgir las primeras células primitivas gracias a un equipo de investigadores de la Universidad de Harvard. Éstos han conseguido crear un modelo físico de célula primitiva o protocélula capaz de contener, construir y copiar ADN. Como no hay pruebas físicas en el registro fósil de cómo fue la primera célula que apareció sobre la Tierra, o de cómo crecía y se reproducía, el proyecto de investigación de este grupo de científicos se centró en crear un modelo sintético de una posible protocélula primordial. De este modo pretendía saber cómo esas primeras células o protocélulas podrían haber interaccionado con el ambiente de hace 3500 millones de años. La protocélula que han sintetizado tiene una membrana de ácidos grasos que permite a los compuestos químicos, incluso los bloques constituyentes del ADN, entrar en su interior sin la necesidad de que les asistan las proteínas que sí están presentes en las membranas de las altamente evolucionadas células actuales. Estas proteínas hacen las veces de canales y bombas de transporte de material, además de cumplir otras funciones. Resolver este problema del transporte de materia a través de la membrana es una contribución importante en este campo. Además, a diferencia de las células modernas la protocélula de estos investigadores tampoco usa enzimas para copiar el ADN de su interior. Algunos científicos han propuesto que la química prebiótica se podría haber dado en las chimeneas hidrotermales de hace miles de millones de años, habiéndose dado el origen de la vida precisamente allí. En esos lugares se formarían ácidos grasos, aminoácidos y otros compuestos usados por la vida en la Tierra. Los ácidos grasos presentes en un ambiente acuoso se ensamblan espontáneamente gracias a que tienen un extremo hidrófilo (que se ve atraído por el agua) y un extremo hidrófobo (repelido por el agua), y pudiendo llegar a formar pequeñas esferas denominadas micelos. Dependiendo de su concentración y del pH ambiental los micelos pueden convertirse en membranas cerradas de varias capas denominadas vesículas. Los investigadores en general han usado durante años las vesículas como modelos de membranas de protocélulas. Cuando este equipo empezó con su trabajo no sabían cuántos bloques constitutivos necesarios para la replicación del material genético de la protocélula podían entrar a través de la membrana de las vesículas. Pudieron demostrar no solamente que esto pasa, sino que además pasa eficientemente. Este resultado sitúa a estos investigadores más cerca de su meta de crear la primera protocélula funcional que en el ambiente adecuado sea capaz de crecer y dividirse. Recordemos que las propiedades de estas membranas son diferentes de las propiedades de las membranas de las células modernas, que usan proteínas para hacer pasar compuestos a través de la misma. Según sus resultados las células primitivas podrían haber absorbido los nutrientes (en este caso bloques constitutivos de la sopa primordial) del ambiente, en lugar de manufacturar o sintetizar estos materiales internamente por carecer de complejos sistemas bioquímicos. Analizando las vesículas los investigadores identificaron qué ácidos grasos en particular permitían mejor o peor el paso de nutrientes haciendo más o menos permeable la membrana. Encontraron que mientras las moléculas grandes de ADN o ARN no pasaban a través de la membrana, las moléculas pequeñas como las de los azúcares simples y nucleótidos (ambos constituyentes del ADN y ARN) lo hacían fácilmente. Este punto es importante, ya que nos dice que el material simple puede entrar y el complejo no puede salir de la vesícula. Si el material que entra forma moléculas complejas en su interior como las de ADN, entonces las vesículas se enriquecen con material complejo al cabo de un tiempo. Los investigadores vieron que usando nucleótidos activados se podían copiar hebras de ADN sin necesidad de que estuviera presente la enzima polimerasa, que normalmente es necesaria para la replicación. Así que introdujeron ADN en el interior de unas vesículas y añadieron nucleótidos activados a su ambiente exterior. Al cabo de un tiempo pudieron comprobar que los nucleótidos pasaban al interior y formaban ADN nuevo. Se supone que algo así podría haber sucedido al comienzo de la vida sobre la Tierra.
Lunes, 9 de Junio de 2008
Noticias de Ciencia
- Según un modelo, parcialmente corroborado por medidas del fondo cósmico de radiación, el Universo podría se ser finito y con una topología como la de una rosquilla. Parece que el toro ataca de nuevo. No teman, no se trata del animal de cuatro patas con cuernos, se trata del objeto matemático con forma de rosquilla embistiendo a la Cosmología moderna, pues pudiera ser que el Universo tuviera precisamente topología toroidal. A pesar de llevar mucho tiempo estudiando el Universo no sabemos algunas de sus características principales, una de ellas su topología. No es fácil saber, cuando se está dentro de él, si un universo tiene la forma de un toro o es simplemente plano. De hecho, desde el punto de vista geométrico, aunque no topológico, localmente serían la misma cosa. Supongamos que en un principio, y para poder visualizar mejor estos conceptos, las tres dimensiones espaciales de las que disfrutamos se reducen a dos. Sería como ese videojuego antiguo de los asteroides en el que una nave triangular se podía mover por la pantalla plana 2D, y que al desaparecer por un lado o borde aparecía por el otro. Para el hipotético tripulante de esa nave su universo sería plano, bidimensional, finito e ilimitado (carente de bordes o límites reales). La nave puede terminar en el mismo lugar incluso si viaja durante mucho tiempo. Topológicamente su mundo se puede visualizar “desde fuera” como la superficie de un toro-2D o, definiéndolo más vulgarmente, como la superficie de una rosquilla (ver dibujo superior). Podemos pensar sobre un universo un poco más complicado si añadimos una dimensión espacial extra. Tendremos entonces un toro-3D, un análogo a un espacio cúbico de tal modo que, a la manera de la pantalla del videojuego de antes, si desapareces por uno de los “lados” apareces por el otro al instante al ser esas dos “caras” la misma cosa (ver dibujo inferior izquierdo). De hecho, no tendría bordes reales al ser ilimitado, y solo ponemos éstos para así poder pensar más fácilmente sobre ello. Este universo sería finito debido a su especial topología y, para simplificar y poder entenderlo mejor, asumiremos además que este universo sencillo, a diferencia del nuestro, no está en expansión ni es tan grande. Un observador en ese universo empezaría a darse cuenta de la peculiaridad topológica de la realidad en donde vive cuando viera imágenes sucesivas de sí mismo en diferentes momentos de su pasado (dibujo inferior derecho). La luz, al igual que la nave del videojuego, recorrería sin fin el espacio toroidal finito e ilimitado. Sería como vivir en una habitación con sus paredes, techo y suelo cubiertos de “espejos” especiales en los que uno, al mirar, se viera su propia espalda en lugar de su cara. El número de veces que un sujeto se podría ver a sí mismo dependería del tiempo transcurrido desde la formación de este universo. Pudiera ser entonces que el Universo real, nuestro universo, tuviera una topología toroidal. Esta idea empezó a tenerse en consideración cuando se estudió en detalle el fondo cósmico de microondas y se observaron patrones inesperados. El Universo está en expansión, es muy grande y no muy antiguo. De tener una topología toroidal nos sería difícil reconocer la imagen de nuestra propia galaxia en una estadio primitivo al otro lado del Universo, si es que a luz le ha dado tiempo recorrer esa distancia. Pero justo después de la gran explosión el Universo sufría oscilaciones al igual que la membrana de un tambor, o como las ondas sobre la superficie del agua. En esa época el Universo visible (todo lo que vemos del Universo) era pequeño y cada parte de él se veía influenciado por las demás partes, por tanto esas oscilaciones deberían también verse afectadas por la topología. Las reliquias de esas oscilaciones pueden verse en el fondo cósmico de radiación como fluctuaciones de la temperatura. La sonda WMAP (Wilkinson Microwave Anisotropy Probe) de la NASA estuvo estudiando ese fondo cósmico hace unos años y levantando mapas de él. Si el Universo fuera infinito, en su época primitiva habría contenido oscilaciones de todos los tipos posibles y esa característica se vería en los mapas del WMAP. Pero en lugar de eso se puede observar un déficit de las oscilaciones de longitudes de onda larga. Una posible explicación a este hecho sería, además de la imprecisión en las medidas, que el Universo fuera en realidad finito. ¿Qué topología encajaría con ese modelo de Universo? Hace unos pocos años se propuso una topología alternativa para un modelo de Universo finito que era toroidal, pero bastante más compleja que la expuesta antes. Se puede pensar en ella si, en lugar de un cubo, visualizamos un dodecaedro (algo similar a un balón de fútbol) en el que sus caras enfrentadas fueran la misma cosa, al igual que en el videojuego de los asteroides los lados enfrentados son el mismo lado. En este modelo también podríamos aparecer en el mismo sitio si viajáramos lo suficientemente lejos, asumiendo la ausencia de expansión. Lo malo es que, aunque podemos pensar en él y calcular sus características, en este caso no podemos visualizar “desde fuera” este espacio “toroidal” con agujeros múltiples. No obstante, este modelo sufrió problemas. Según algunos investigadores se deberían ver imágenes repetidas de objetos cosmológicos distantes y este efecto impondría patrones concretos que no han sido observados en los datos del WMAP. Ahora Frank Steiner y sus colaboradores han vuelto a analizado los datos de 2003 procedentes del WMAP buscando patrones correspondientes a diferentes topologías. Usaron tres técnicas diferentes para comparar las predicciones en las fluctuaciones de la temperatura en diferentes regiones del cielo. Para los tres casos el modelo que mejor encaja sería un toro-3D, el análogo tridimensional a la rosquilla (toro-2D) y mucho más sencillo que el modelo del dodecaedro propuesto por Jean-Pierre Luminet. Además, y según sus cálculos, el Universo tendría un tamaño de 56.000 millones de años luz de diámetro siendo, por tanto, pequeño. De todos modos los expertos del campo no están de acuerdo sobre qué modelo es mejor, sobre si son correctos o sobre si son posibles otras topologías. Ha habido cierta polémica sobre este tema en los últimos tiempos. Las medidas del WMAP tienen una precisión determinada, y sus datos poseen barras de error que pueden ser del orden de lo que se pretende medir. Por eso la ESA planea lanzar el satélite Planck, que permitirá estudiar el fondo cósmico de radiación con una precisión sin precedentes. Quizás las futuras medidas realizadas por Planck ayuden a resolver la topología del Universo. En todo caso el descubrimiento de que el Universo es finito tendría, sin duda, importantes implicaciones filosóficas.
Jueves, 5 de Junio de 2008
Noticias de Ciencia
- Un mecanismo de retroalimentación basado en el metano terminó con “la edad de la bola de nieve”. Las actuales emisiones de dióxido de carbono podrían disparar de nuevo ese mecanismo. Este planeta donde vivimos ha pasado por muchas vicisitudes y por algunos cambios que han sido catastróficos. Algunos de ellos estuvieron a punto de barrer la vida sobre la Tierra. Ahora proponen que hace 635 millones de años una masiva emisión de gas metano, que es un potente gas de efecto invernadero, procedente de la capa de hielo que se extendía hasta bajas latitudes en aquella época causó un cambio dramático en el clima terrestre. Esta emisión desencadenó una serie de eventos que desembocaron en un calentamiento global que terminó con la edad de la bola de nieve. Los investigadores de UC Riverside que proponen esta teoría sostienen que la emisión de gas fue gradual al principio para después ser abundante. Este metano procedería de la descomposición de claratos. Los claratos son hidratos de gas natural, rocas de aspecto helado compuestas principalmente por metano y agua que son estables bajo ciertas condiciones de presión y temperatura. En este caso habría grandes cantidades de claratos bajo la capa de hielo de la época que cubría casi todo el planeta. Cuando la capa de hielo se hizo inestable se vino abajo liberando de la presión a los claratos, que empezaron a liberar el gas. Según estos investigadores sus hallazgos documentan un calentamiento global catastrófico que dio paso, a partir de un clima muy frío, a un estado climatológico estable y cálido que no ha cesado desde entonces. Según Martin Kennedy, líder de la investigación, el resultado actual nos habla de la existencia de un mecanismo, que hoy en día estaría dormido, así como de la tasa de cambio. Lo que se necesitaría conocer es la sensibilidad del mecanismo de disparo o, en otras palabras, cuánta “fuerza” se necesitaría para pasar de un estado estable a otro. La clave importante sería saber cuanto hemos apretado hoy en día, por culpa de las emisiones de dióxido de carbono de origen humano, ese “gatillo”. Según el estudio la desestabilización de los claratos funcionó como un desbocado ciclo de retroalimentación que aumento la temperatura global tanto como para derretir la capa de hielo que cubría de polo a polo la Tierra de aquella época. Una vez que el metano fue liberado a bajas latitudes, por la desestabilización de la capa de hielo, el calentamiento producido por el metano liberado desestabilizó más capa de hielo, que libero más claratos, que liberó más metano, y así sucesivamente. Sin embargo, no todo el metano en forma de claratos de la Tierra fue liberado en aquel entonces. Hoy en día hay claratos de metano en el permafrost del ártico, así como por debajo del nivel del mar en los márgenes continentales de los océanos. Este metano permanece dormido hasta que sea liberado por otro calentamiento global. La mayor preocupación es que un leve calentamiento pueda disparar el proceso de liberación del metano, proceso que no se podría detener. La liberación de esa reserva de metano podría potencialmente calentar el planeta en diez grados centígrados. El proceso sería, bajo el punto de vista geológico, muy rápido. Esta violenta liberación de metano llevó aparejado, hace 635 millones de años, cambios climatológicos y biogeoquímicos catastróficos que reorganizaron el océano y la atmósfera de la época. Hoy en día el permafrost (capa de suelo helado presente en el ártico) se extiende desde el polo hasta a unos 60 grados en latitud. En la época de la bola de nieve, que duró desde hace 790 a hace 635 millones de años las condiciones eran suficientes como para que los claratos se extendieran hasta el ecuador. Según Kennedy el fin abrupto de esa época glacial cambió la química de los océanos primitivos y se produjo un depósito químico inusual en los océanos. Estos depósitos se pueden estudiar hoy en día en los estratos geológicos, y son muy diferentes de lo que se puede encontrar en los estratos posteriores correspondientes a la deglaciación. Kennedy y sus colaboradores recolectaron cientos de sedimentos marinos en el sur de Australia y analizaron los isótopos que contenían. Esto les permitió reconstruir lo que había pasado. En particular, la abundancia relativa de los distintos isótopos de oxígeno se puede atribuir a la fusión de capas de hielo y a la desestabilización de claratos. Recordemos que en aquel tiempo la vida en la Tierra estaba compuesta solamente por microorganismos. Justo después de esta época de la bola de nieve se produjo una explosión de vida animal y vegetal compleja, por lo que ambos eventos estarían relacionados. El próximo paso de estos investigadores es trabajar en la estimación de cuánto cambio en la temperatura fue debido al efecto del metano. El metano (principal componente del gas natural), es inodoro y carece de color. Es treinta veces más potente como gas de efecto invernadero que el CO2. Fue el mayor responsable del periodo cálido que ocurrió hace 55 millones de años, cuando la temperatura media global aumentó de 4 a 8 grados centígrados. El metano reacciona lentamente con el oxígeno produciendo dióxido de carbono en el proceso. Este consumo de oxígeno produce anoxia (ausencia de oxígeno) en los mares, que causa la muerte de los animales por asfixia. Se ha propuesto este mecanismo como explicación a una de las extinciones masivas más importantes que ocurrió en los océanos. Según Kennedy ahora mismo el género humano esta realizando, sin ser consciente de ello, un experimento climatológico a escala planetaria. Somos testigos de un calentamiento sin precedentes y no tenemos, ni siquiera, los conocimientos suficientes sobre las posibles inestabilidades que pueden estar al acecho en el sistema climático y cómo éstas pueden influir en la vida sobre la Tierra. Según él, un experimento similar se realizó hace 635 millones de años, y su resultado se ha conservado en registro geológico. Afirma que se puede ver que si se fuerza el sistema climático el resultado es la activación de procesos latentes que controlan el clima y que una vez iniciados éstos no se pueden parar hasta que se llega a un estado completamente diferente al de partida. Por si el lector no ha captado la idea, este experto sugiere solapadamente que el actual calentamiento podría disparar este mecanismo y el resultado sería el fin de la vida, tal y como la conocemos, sobre este planeta.
Miércoles, 4 de Junio de 2008